martes, 8 de mayo de 2012

Estetoscopio

Un médico ya anciano que siempre trabajó en el medio rural, pensó que ya
había llegado la hora de jubilarse después de haber ejercido la
medicina durante 50 años.

Encontró a un joven médico que quisiese ocupar su sitio y le sugirió
que le acompañase en las visitas a domicilio, para que las personas se
habituasen a él de manera gradual.

La primera visita se trataba de una mujer que se quejaba de dolores en
el estómago.
El anciano doctor le respondio:
-Sabe, la causa mas probable es que usted abusa de las frutas frescas…
¿Por qué no reduce un poco su consumo diario y las selecciona las
mejores?

Cuando salieron de la casa el joven le preguntó:
-Doctor usted ni siquiera examinó a la mujer…
¿Cómo consiguió hacer un diagnóstico tan rápido?
Bueno, no merecía la pena examinarla.
-¿Usted se dio cuenta de que
dejé caer el estetoscopio al suelo?,
cuando me agaché para recogerlo,vi que había media docena de cáscaras de naranjas,
manzanas y ciruelas verdes, inadecuadas para el consumo en el cubo de la basura.
Y eso es seguramente lo que le ocasionaba los dolores de estómago.
En la
próxima visita usted se encargará del examen.

-Humm, que astuto es, pensó el joven.

En la siguiente casa, se entretuvieron durante varios minutos hablando
con una mujer bastante joven.
Ella se quejaba de que se fatigaba mucho.
-Me siento totalmente sin fuerzas… dijo
El joven doctor le respondió entonces:
-Usted, -quizás- se entrega demasiado a la iglesia.
Si redujese esa actividad, tal vez recupere su energía.

Una vez que hubieron abandonado la casa, el anciano doctor le dijo a
su sustituto:
-Su diagnóstico me ha sorprendido…
¿Cómo fue que llegó a la conclusión de que aquella mujer se daba en
cuerpo y alma a los trabajos religiosos?

Yo apliqué la misma técnica que usted me enseñó:-
Dejé caer mi estetoscopio al suelo, y cuando me agaché para recogerlo,
vi al sacerdote debajo de la cama…

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